130 AÑOS DE GLORIA!

Historia de Johnson y Ramírez.

 

Año de 1886.
Epidemia del Cólera.

El 31 de Diciembre de 1886 se comprobó la aparición del Cólera en Santiago y en enero de 1887 se vio a los bomberos conduciendo cadáveres, llevando enfermos a los lazaretos, haciendo guardias extraordinarias en los pozos de agua para evitar la infección.

Las Compañías se distribuyeron de acuerdo a los cuarteles de incendio creados por Abasolo en 1867. A la Tercera le correspondió el sector del Tercer cuartel y mitad del Octavo.

Luis 2º Johnson y Rafael Ramírez participaron activamente en estas guardias hasta el día de su muerte.

En su publicación del viernes 18 de Marzo de 1887, el Diario “El Ferrocarril” relata lo siguiente, textual:

 

“El Incendio de ayer”

Poco después de las doce y media del día los vecinos de la casa Nº 21 de la calle de San Miguel, de propiedad del señor Vicente Morelli, notaron que se veían grandes llamaradas que salían por los techos.

Sin pérdida de tiempo, se dio aviso a la policía y al Cuartel General de Bomberos, tocándose enseguida la alarma de incendio.

La casa estaba al cuidado de un sirviente quien había recibido instrucciones de fumigarla, efectuando los preparativos para este efecto.

A la una de la tarde habían comenzado a llegar las diversas compañías de Bomberos y dieron comienzo a su trabajo, sin perder tiempo.

La Bomba de palanca de la 3ª compañía se ubico en el interior de una barraca vecina y dio agua rápidamente.

 

Del Libro de Guardia de la Tercera Compañía:

Jueves 17 de Marzo, año de 1887, se daba la alarma por la Paila de haberse declarado un incendio en la Calle de San Miguel Nº 11 (actual Ricardo Cumming). La Bomba Poniente fue sacada a pulso por el personal que a esa hora se encontraba en el cuartel y llevada rápidamente al lugar del incendio, colocando gemelo y armando dos pitones, los que prontamente lograron dominar el siniestro, quedando luego la compañía de guardia.

Para sofocar los últimos restos del incendio, el personal colocó los dos pitones en el vasto patio de la casa, el que era semicuadrado y con murallas de adobe.  En el centro una pila de agua y diseminados en torno, muebles, maderas y un catre de fierro.  El personal se agrupaba en torno a los pitones y a las uniones de las tiras i observaban los últimos focos en medio de euforia y tranquilidad que siempre tienen los vencedores en un combate de este tipo.

En el pitón ubicado a la derecha del patio, estaban los voluntarios Johnson, Ramírez y Víctor Cato, el que en medio de las bromas de sus compañeros se reclinó en el catre de fierro para pitonear más cómodamente.  En ese momento se desplomó el muro poniente, tomando de lleno a Ramírez, sepultando a Cato entre las ruinas del catre de Fierro y derribando a Johnson sobre la pila de agua, la que le causó graves lesiones en el estomago.  Ramírez resulto con el brazo izquierdo y el hombro quebrados,  con fracturas en la pierna derecha y con rotura del pulmón izquierdo, además de fracturas de costillas de ese costado.  Cato tenía la cara y la pelvis lesionadas seriamente”.

Del Diario “El Ferrocarril” del viernes 18 de marzo de 1887, textual:

Al ruido producido por el derrumbe, acudieron varios voluntarios de la 3ª y otras compañías y paisanos que se encontraban alrededor del edificio amagado.  Mui pocos instantes permanecieron debajo de las ruinas los tres voluntarios, solo el tiempo que se empleó para despejar los escombros del sitio en que se encontraban.

El señor Víctor Cato, que tiene 28 años, soltero, comerciante, fue encontrado montado sobre un catre de fierro, con la cabeza metida entre algunas maderas; resulto con una grave herida en la región del periné.   Hacía dos años que prestaba sus servicios en la Compañía.

El señor Ramírez, de 26 años, soltero, empleado municipal, resultó con el brazo izquierdo fracturado y graves contusiones en el cuerpo.  Se había incorporado a la compañía en el mes de Noviembre del año 1886.

El señor Luis Johnson, de 25 años, casado, comerciante, que fue encontrado con dos vigas sobre el cuerpo, resultó con contusiones en la región abdominal y tenía una pequeña herida en el muslo.  Había ingresado a la compañía en el mes de Mayo de 1886. Hace dos años que contrajo matrimonio con la señorita Elvira Braniff quien en la actualidad se encuentra próxima a ser madre.

Una vez rescatados los heridos se les condujo a las casas vecinas para ser atendidos, el señor Cato fue llevado a la Nº 35, el señor Ramírez, a la núm. 15 y el señor Johnson al núm. 17, todas ubicadas en la calle de San Miguel, en donde se le hicieron las primeras curaciones a los dos últimos.  Terminadas las curaciones fueron nuevamente trasladados.

El señor Cato al cuartel de bomberos en donde se le hizo la primera curación por los doctores y después se le condujo al Hospital San Vicente de Paul.

Posteriormente el señor Rafael Ramírez fue trasladado a la calle de las Rosas núm.18, casa del señor Pedro Carrillo, Teniente 3º de la Compañía.

El señor Luis Johnson fue conducido a su casa del Hotel del Sur, en las inmediaciones de la Estación Central.

A las nueve de la noche una junta de Doctores en casa del señor Ramírez comprueba su estado el que inspira serios temores, por lo que volverán a reunirse a la mañana siguiente.

El señor Cato fue reconocido a las ocho de la noche y a pesar de sus heridas, se piensa que su estado no es de lo más alarmante.

El señor Johnson, aunque no ha recibido lesiones exteriores, temen los facultativos que se le declare una peritonitis, lo que puede ser grave.

El “Ferrocarril” del domingo 20 de Marzo de 1887, relata lo sucedido en la madrugada del sábado 19 de marzo.

El señor Ramírez se encuentra en casa del señor Pedro Carrillo, Teniente 3º de la Tercera, donde con su esposa la señora Susana Laval, han puesto el empeño más decidido y noble para atenderlo.   A las nueve hubo junta de doctores  y opinaron que el caso era desesperado, no obstante se continuó con todo celo atendiéndolo.

Quedo de médico de cabecera el doctor Oyarzún, hasta que a eso de las dos de la mañana se noto que se acercaban los últimos momentos del enfermo.

Se recurrió al convento de Santo Domingo en demanda de auxilios religiosos, y el Padre Correa alcanzó a prestárselos.

Poco después de las 2 y 40 minutos de la madrugada, dejaba de existir en medio de la consternación y del recogimiento religioso de cuantos le rodeaban.

Se encontraban presentes, entre otras personas, los señores Carlos Rogers, Arturo Claro y una comisión de la 3ª compañía compuesta de los señores Francisco Pardo Duval Secretario, José María Oyarzún y Antonio Navarrete.

Poco rato después llego la comisión sanitaria de la 5ª compañía de bomberos a anunciar que el señor Johnson estaba también agonizante.  Se movilizaban en una carretela en la que se dirigió la aludida comisión, al Hotel del Sur.

 

Luis 2º Johnson Ulloa.

El señor Luis 2º Johnson, había nacido en Santiago, del matrimonio de don Luis Eduardo Johnson y de la señora Luisa Ulloa.  Acababa de cumplir 26 años y se había casado con la señora Elvira Braniff.  De ese matrimonio queda una niña, María Eugenia, de año y medio de edad.  La desolada viuda se encuentra a un mes de ser madre por segunda vez.

El señor Johnson administraba como jefe, por imposibilidad de su padre, el establecimiento Hotel del Sur.  Murió a las 03:45 A.M. de ayer, dejando aparte de sus padres, a tres hermanos, de los cuales dos son Hombres.

 

Traslado de los Mártires a la Iglesia de la Gratitud Nacional.

Poco antes de las diez de la mañana del domingo 20, salió del cuartel general de bomberos, la 3ª compañía y comisiones de las otras, en dirección a la casa núm. 81 de la calle de las rosas, donde se encontraba el cadáver del voluntario Rafael Ramírez.  La urna fúnebre fue conducida en hombros por los bomberos hasta el templo de la Gratitud Nacional, pasando en su recorrido frente a la casa Incendiada, lugar de la catástrofe.

El féretro se colocó a la derecha del catafalco que se había levantado en la Iglesia.   En seguida los Bomberos se dirigieron por la Alameda hasta el Hotel del Sur, cerca de la Estación de ferrocarriles, a casa del voluntario señor Luis Johnson.

La señora Braniff con su pequeña hija de la mano, dio el último adiós a los restos de su querido esposo, llevado en hombros por sus compañeros.

La urna que contenía los restos de Johnson, fue colocada al lado izquierdo del catafalco que se alzaba en el centro de la iglesia.  Sobre ambos ataúdes se puso el traje que usaron las víctimas el día del incendio y una gran profusión de coronas.

Depositados los ataúdes, los bomberos y deudos de Johnson y Ramírez se retiraron, cerrándose enseguida la Iglesia.

 

Los Funerales, domingo 20 de marzo
En marcha hacia la Iglesia.

Desde el mediodía, los carros de las distintas líneas que convergen en la plaza de armas, llegaban allí llenos de pasajeros que con anticipación querían tomar un lugar a fin de ver el desfile en dirección al templo de la Gratitud Nacional.

La Alameda comenzó a verse con sus avenidas cubiertas de gente desde las dos y media de la  tarde.  Los alrededores de la Iglesia eran a las tres de la tarde, un verdadero mar humano.

A las 03.50 P.M., se tocó atención por las cornetas de las distintas compañías para preparar la marcha.  De antemano estaba cada compañía con su material listo, engalanados con crespones negros, al frente de sus cuarteles y alrededor de la Plaza de Armas.

A las cuatro de la tarde comenzaron a desfilar los bomberos, en el siguiente orden:

Encabezaba el desfile la banda de música del Regimiento de Granaderos a Caballo.

El comandante del Cuerpo, señor Emiliano Llona, acompañado de sus ayudantes, que le son en estos casos, los secretarios de compañía.

Posteriormente venían las ocho compañías del cuerpo, con sus estandartes y banderolas.

Comisiones de las diversas compañías de bomberos de Valparaíso, Viña del Mar y Antofagasta.

El Directorio del Cuerpo y el señor Arturo Edwards, tesorero general del cuerpo de bomberos de Valparaíso.

El carro fúnebre, tirado por dos voluntarios de cada compañía, de Valparaíso, Viña del Mar y Santiago.

La Banda de Música del Batallón 2º de Línea.

La Tercera Compañía con su estandarte, ostentado la máquina a vapor y su material enlutado con bellísimas coronas.

Cerraban la marcha, una multitud de gente y coches particulares y del servicio público.

El desfile marchó hacia el sur, tomando las calles de: Ahumada, calle sur de la Alameda hasta el Ovalo del Campo de Marte, en donde tomó el centro de la Alameda hasta la altura de la calle de San Miguel, para contramarchar a la izquierda y tomar nuevamente la calle sur de la Alameda.

El carro Fúnebre avanzó hasta el frente de la puerta principal del templo, donde debido a la multitud de gente que se encontraba en el lugar, fue necesario que la sexta Compañía hiciera espacio a ambos lados de las puertas de acceso para que se abrieran.

En el Templo se encontraban de antemano las autoridades, representantes del Gobierno y Ministros de Estado, los deudos de las víctimas y muchos particulares.

Abiertas las puertas, ingreso el Directorio y voluntarios de 3ª.

Entonces el director interino del Templo, presbítero señor Manuel Larraín Aldunate, oficio los responsos de costumbre, terminados los cuales se procedió a bajar del catafalco los ataúdes que encerraban los restos de Johnson y Ramírez.  Tomaron el cajón y cordones, voluntarios  de la 3ª, directores de compañía y deudos de los fallecidos.

La urna de Ramírez fue colocada a la derecha sobre el carro mortuorio y a la izquierda la de Johnson. En la tapa de cada urna se colocó el traje de los fallecidos.

El carro había sido profusamente adornado con arcos de flores llevando al frente dos pitones y otros atributos de bomberos.

 

En dirección al cementerio.

Del templo de la Gratitud Nacional, el cortejo fúnebre se puso en marcha al Cementerio, recorriendo la calle sur de alameda, calles de la Bandera, Huérfanos, Ahumada, calle del Puente, cruzando el Puente, artesanos, Recoleta, Avenida del Rosario, y Avenida del Cementerio.  La comitiva marcho en el mismo orden descrito anteriormente.

Después del carro fúnebre, seguían los deudos y amigos de las víctimas, la 3ª compañía con su material, los coches de las autoridades de Gobierno, Intendentes y  el Alcalde.

A continuación de estos carruajes seguía una larga fila de los ocupados por amigos de las víctimas. A esta comitiva se agregó un gran número de coches del servicio público ocupados por personas que no podían hacer el viaje a pié al Cementerio.

Durante el trayecto, las bandas de música tocaron escogidas marchas fúnebres, con los fragmentos a la sordina y la campana del cuartel general tañía de momento en momento.

Llegando el Cortejo a la Plazuela del Cementerio las compañías avanzaron en dos filas hasta la puerta principal, formando columna de honor para dejar pasar el carro fúnebre, deudos de las víctimas, Directorio del Cuerpo y comisiones.

Los estandartes y banderolas de las compañías rodearon el carro mortuorio, mientras se procedía al descenso de los ataúdes, los que fueron tomados, el de Ramírez, por los señores Carlos Rogers, Samuel Izquierdo, el Capitán Pedro Gutiérrez de la 3ª compañía.  Dos hermanos y varios amigos; y el de Johnson, por el señor Intendente, don Jorge Astaburuaga, el regidor señor Gormaz y varios bomberos y deudos.

Al llegar a la sepultura, se colocó un ataúd a cada lado de la puerta de entrada.   Eran las 6.37 P.M.

En medio del mayor recogimiento se pronunciaron numerosos discursos…

A nombre del Directorio del Cuerpo de Bomberos, lo hizo don Julio Bañados Espinosa.

El secretario de la 3ª compañía, don Francisco Pardo Duval.

El señor Santiago Escuti Orrego,

Y varios discursos mas..

Finalmente por ser la hora mui avanzada, no hicieron uso de la palabra varios caballeros que lo deseaban, entre otros algunos Bomberos de Valparaíso.

La 3º Compañía y familiares de los fallecidos, despidieron el duelo en las puertas del cementerio.

Cuando ya se hubieron retirado todos los carruajes, los bomberos volvieron a tomar su material y regresaron a sus cuarteles siguiendo el mismo itinerario con el que habían llegado.

Eran las 08.30 P.M.

 

 

03 Julio 2012

Se reconoce la Calidad de Mártir a Víctor Cato Velasco, fallecido el 01.09.1896 a consecuencias de las heridas recibidas en  Incendio ocurrido el 19.03.1887 en Calles San Miguel y Alameda.

 

 

El Domingo 3 de mayo de 1885, recibía la siguiente nota:

Señor don Víctor Cato
Mui señor mio:
Tengo el gusto de comunicar a usted que el Consejo de Oficiales, en sesión de anoche, lo ha aceptado a usted como voluntario de esta Compañía.

Le adjunto a la presente el diploma que lo acredita como tal, un ejemplar del Reglamento Jeneral y otro del de la Compañía.

Dios guarde a usted,
Francisco Pardo Duval,
Secretario.

 

Del Libro de Guardia.
Jueves 17 de marzo de 1887

A la una y media de hoi la campana del Cuartel Jeneral daba la señal de alarma en el quinto cuartel: el fuego se había declarado en la calle de San Miguel, número 11, casa del señor Vicente Morelli. Nuestra Compañía fue la primera en llegar al lugar amagado y dar agua, armando jemelo para atacar el fuego por los dos costados, trepando sobre las murallas colindantes.

Se consiguió mui pronto circunscribir el fuego a sólo la casa del señor Morelli. En este esforzado trabajo nos demoramos como una hora y media, más o menos, recibiendo momentos después orden del Comandante para que hiciéramos un corto descanso, con el objeto de hacer él con sus ayudantes, un prolijo reconocimiento del edificio incendiado.

Concluido éste, se nos dio la orden de que los respectivos Tenientes Primero y Segundo, entraran al interior de la casa, con el objeto de apagar escombros. Esta nueva orden fue recomendada por el Comandante del Cuerpo al Capitán de nuestra Compañía, en estos términos:

“ordene usted que cada uno de los Tenientes de sección de gallos, entren a apagar escombros a lo más con dos pistoneros”.

La referida orden la recibimos del Capitán tal como está expresada anteriormente, con la agregación de que nos fijaramos en un tabique que estaba un poco desplomado. Concentrados a este nuevo trabajo, se retiraban algunas Compañías dejándonos a nosotros de guardia. Después de haber estado apagando escombros en las piezas por espacio de unos veinte minutos, la segunda sección salió al patio. En ese momento dejó de dar agua la bomba.

De improviso, y sin que diera tiempo para abandonar el lugar, se derrumbó con gran ruido un tabique, sepultando bajo los escombros a tres queridos compañeros: Luis Segundo Jonson, Rafael Ramírez y Víctor Cato.

Al ruido producido por el derrumbe, acudimos casi todos los que nos encontrábamos alrededor de la casa, tanto bomberos como paisanos.

En mui corto tiempo pudimos conseguir sacar de entre los escombros a nuestros queridos y nunca olvidados compañeros. Al compañero Cato se le atendió en la casa del señor Lhanklen, llevándole en seguida al Cuartel por otra comisión de bomberos, donde se le hizo la primera curación por varios doctores. Después de habérsele hecho en nuestro Cuartel las primeras curaciones al compañero Cato, fue trasladado en camillas por voluntarios de diferentes compañías al Hospital de San Vicente de Paul, quedando a cargo del doctor Prado y al cuidado de un voluntario de nuestra Compañía.

Concluido en parte el arreglo de estas lamentables trajedias, la Compañía fue citada a una reunión especial que tuvo lugar a las nueve P.M. en la que se levantó un acta firmada por los asistentes para autorizar, todos los recursos que fueran necesarios con el objeto de atender a nuestros lamentables compañeros.”

 

Documento
Jueves 17 de marzo de 1887

Lamentando profundamente como bomberos y como amigos y compañeros de los que han caído en la brecha, debemos aceptar, como aceptamos desde luego con nuestras firmas, las siguientes conclusiones:

1. La curación y atención médica de los compañeros Ramírez, Cato y Johnson, corre de cuenta de la Compañía;
2. De fondos de la Compañía se invertirá hasta la cantidad de cuatrocientos pesos en dichos gastos y en pensión a las familias que tengan la desgracia de perder a alguno de sus miembros;
3. Los que suscribimos, nos comprometemos con nuestra firma a enviar las cantidades que se apuntan para ausiliar a la caja de la Compañía; y
4. Establecemos un turno de tres voluntarios que se reemplazará cada 24 horas, para atender separadamente a cada uno de los compañeros heridos.

Nota: Hay veintiséis firmas.

 

Libro de Guardia
Viernes 18 de marzo de 1887

A pesar de que nuestras esperanzas por la recuperación de nuestro compañeros se perdían, más o menos a la misma hora tenemos la felicidad de imponernos que el compañero Cato no está mal.

Se ha acordado que entre nosotros se haga un turno en el Cuartel para atender el servicio, como asimismo, se ha comisionado a un voluntario para que esté de centinela al lado del compañero Cato, con el objeto de prohibir hablar con él por el estado de su salud.”

Libro de Guardia
Domingo 24 de abril de 1887

Academia, ejercicio y manifestación en honor de don Víctor Cato. Terminado este acto, se colocó nuestro material en el primer patio del Cuartel y todo el personal de la Compañía formó calle desde la puerta principal hasta el salón de honor, con el objeto de recibir al hermano restablecido. Sin embargo nuestro compañero no pudo sanar totalmente y a medida que pasaba el tiempo su salud se deterioraba.

Libro de Guardia
Martes 20 de agosto de 1896

“Todos estos días se han recibido mui malas noticias de nuestro compañero Cato. Su enfermedad parece que llega a su término.”

Libro de Guardia
Domingo 1 de septiembre de 1896

“Hoi a las tres y media de la tarde falleció el Miembro Honorario, don Víctor Cato Velasco.” En el momento del Incendio y derrumbe, tenía 1 año, 10 meses y 15 días de antigüedad como bombero, y transcurrieron 9 años, 5 meses con 15 días hasta el momento de su partida.

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