DANIEL CASTRO, 12 AÑOS DE GLORIA.

DANIEL CASTRO BRAVO

CON OCASIÓN DE CUMPLIRSE DOCE AÑOS DE HABER CAÍDO EN EL CUMPLIMIENTO DE SU DEBER

Cada cierto tiempo los tercerinos somos convocados a recibir un nuevo hermano de ideal. Es entonces, cuando nuestro salón de sesiones se colma de sus pares y de sus seres queridos para presenciar su juramento. Ninguno de los oficiales y de sus compañeros presentes puede presagiar el destino que tendrá el novel voluntario. Algunos se apartan pronto del camino tras el rigor de la tarea, otros entregan generosamente muchos años de su vida a esta noble causa. Unos pocos, muy pocos, se convierten en parte de nuestra historia.

El martes 11 de abril de 1950, el joven Daniel Castro Bravo quién sólo tenía diecisiete años de edad, se puso en posición firme frente a las autoridades tercerinas en el salón de sesiones y, teniendo por testigo a los fundadores y a los mártires, sus pares le escucharon con voz firme prometer rendir hasta la vida si fuese necesario en auxilio de su semejantes, viéndole luego entregarse con entusiasmo al ideal tercerino.

Así se sucedieron los años y la llama del entusiasmo se mantuvo viva en el espíritu de Daniel. Su piel fue envejeciendo y el cuerpo que pide un mar más tranquilo para sus pasos nunca fue escuchado. Bastaba que sonara la alarma y Daniel volvía a sus diecisiete años y se entregaba con frenesí a batallar contra el fuego, su enemigo. Nuestro enemigo.

Cincuenta y cinco años más tarde, ese juramento juvenil que arrancó de sus labios se cumplió a plenitud. Como tantas veces, ese 19 de octubre de 2005, corrió escaleras abajo para tripular su máquina, sin saberlo, por última vez. El enemigo una vez más fue vencido. Y así como la baliza y el rugir de la turbina detienen su danza tras el deber cumplido, el corazón de Daniel se detuvo para tristeza y para honra de nuestra amada Tercera.

Abrazado con Luis Segundo, Rafael, Víctor, Alberto, Florencio y Patricio nos oirá rendirle honores en cada acto de servicio en que la boca del Capitán conteste el “Presente” y sabrá que en nuestros corazones jamás podrá morir quien ahora es nuestro modelo y ejemplo para continuar con valentía en la hermosa causa que nos hemos autoimpuesto.

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