Vulcano: Un canino mártir Tercerino

LIBRO DE GUARDIA
10 DE ABRIL DE 1877

A las 3 de la madrugada de hoi la campana de incendio dio la voz de alarma señalando el tercer cuartel. El lugar amagado era el taller de modas “La Parisiense” situado en la calle Huérfanos contiguo a la lamparería de Lagme. Con la presteza del caso se sacó nuestro material y fue armado del modo siguiente: bomba de palancas en el pilón de la Plaza de Armas que da frente al Portal Fernández Concha, estirando mangueras el primer gallo por el interior del Pasaje Matte y subiéndolas al techo por sobre la tienda de Chanalé e hijos, desde donde se principió a arrojar agua en abundancia para refrescar las murallas del Pasaje y salvar de este modo el valioso edificio. La bomba a vapor fue colocada en el pilón que da frente a la Iglesia Catedral y el segundo gallo, armando en ella, estiró sus mangueras por la calle Ahumada subiéndolas por la escala interior del Hotel Oddó donde arrojó agua para refrescar las murallas de ese edificio y sofocar la inmensa hoguera en que vio convertida, en pocos minutos, la extensión de la cuadra comprendida entre las calles de Ahumada, desde el Hotel Oddó hasta la de Huérfanos y por ésta hasta el Pasaje Matte.
La inteligente dirección de nuestro Comandante Sr. Rogers, ha impedido esta vez que viéramos desaparecer uno de los más valiosos edificipos que encierra la capital. La galería Matte debe por segunda vez su salvación al Cuerpo de Bomberos.
Entre los edificios quemados se cuentan por la calle Ahumada la Mercería de Jivedez, tienda de flores y sombrerería de Chambeyvon y Farr, casa italiana de ropa hecha y Mercería de J. Cádiz. Por la calle de Huérfanos, taller de modas, paquetería de A. Belmonte, joyería alemana, lamparería Lagme, tienda de modas “La Parisense” por donde principió el fuego, cordonería de Silva Hnos., tienda surtida de Lazcano, almacén de música de R. March y zapatería de Astudillo.
En los momentos en que el que suscribe atravesaba el techo de la Galería Matte para tomar el pitón, el perrito de la Compañía, Vulcano, que lo seguía después de haber trepado la escalera con varios voluntarios, se fue sobre los vidrios, los que rompiéndose diéronle paso para caer al suelo de tan considerable altura matándose en el acto.
A las diez de la mañana suspendimos nuestro trabajo por orden competente, no sin haber antes avasallado por completo el formidable enemigo que durante las primeras horas nos combatió con fiereza.
Durante el trabajo se nos rompieron once tiras de manguera que fueron repuestas con celeridad para no interrumpir un instante nuestra noble tarea.
Debemos dar gracias a la Providencia porque esta vez nos ha librado de tener que lamentar desgracias personales.
La asistencia de voluntarios y auxiliares numerosa y el entusiasmo como saben siempre conservarlo los que llevan por divisa el número tres.
A los auxiliares se les recompensó (como extraordinario) con cuarenta centavos a cada uno y con sesenta a los cabos de escuadras.
Toda la extensión abarcada por el incendio pertenecía al edificio de la Sra. Emilia Herrera de Toro. Sin más novedad a las 11 de la mañana.

 

Eduardo Kinast (Sargento 2° de bombas)

 

* Foto de referencia