Discurso Bautizo Cuartel General

Discurso del Director de la 3a Compañía don Carlos Ayub Asfura, en la ceremonia de bautizo del Cuartel General. (7 de julio de 2013)

“Al Público: Se cita a los jóvenes que deseen tomar parte en la formación de una Compañía de Bomberos, pasar el día 14 del presente a la una de la tarde, al escritorio del que suscribe. (Fdo.) José Luis Claro Cruz”

Este pequeño aviso publicado hace ya casi 150 años, es el punto de partida de la gran Institución que hoy nos cobija. Cuando la ciudad de Santiago aún lloraba a las más de 2.000 víctimas del Incendio de la Iglesia de la Compañía de Jesús, solo una voz se levantaba para proponer una solución al grave problema que se había desnudado con el Incendio. Una ciudad que crecía y que ya había llegado a la suma de 100.000 habitantes, no contaba con un servicio contra incendios que pudiese dar seguridad a la población. Varios habían sido los intentos anteriores para establecer en Santiago un sistema que protegiera las vidas y los bienes de sus habitantes de los riesgos que significaban los Incendios. Pero ninguno había logrado su objetivo. Solo se contaba con funcionarios que, mal pagados, mal equipados y sin ninguna preparación y capacitación, realizaban estas labores con desgano y desidia. Sólo la unión de la ciudadanía, que en forma Voluntaria y al margen de la injerencia del Estado, había ya demostrado, en Valparaíso desde hacía ya 12 años, ser eficiente en esta tarea. Y don José Luis estaba dispuesto a replicar en la capital de la República, el mismo modelo. ¿Quién fue Jose Luis Claro?. Largo sería ahora hacer una biografía. Sólo mencionar que, a pesar de haber nacido dentro de una familia de rancia aristocracia, siempre fue inquieto participante de la actividad política, lo que por un lado le crea grandes problemas, pero por otro lo lleva a generar muchos contactos con la juventud revolucionaria de su época. Estos jóvenes son los que después lo acompañarían en la gran empresa de formar el Cuerpo de Bomberos de Santiago. A los 37 años de edad, nuestro Fundador ya tenía una vida hecha. Había sido un ciudadano muy activo. Tan activo que su quehacer político ya lo había llevado a participar en un motín, el año 1851, al final de la administración del Presidente Manuel Bulnes. Don José Luis forma parte del grupo de disidentes, encabezado por Francisco Bilbao e integrado entre otros por José Zapiola, Eusebio Lillo y Benjamín Vicuña Mackenna. El motín sufre un rotundo fracaso y sus integrantes se dispersan por el país. Don José Luís se refugia en La Serena y posteriormente emigra a Estados Unidos. A su regreso, se transforma en un próspero comerciante y se casa con su amor de juventud, Doña Amelia Solar Marín. En 1863 funda el Cuerpo de Bomberos de Santiago. Hoy, estamos aquí para rendir un más que merecido homenaje a nuestro Fundador don José Luis Claro Cruz. A partir de hoy, su nombre será recordado y admirado por todos aquellos que por aquí transiten. Él fue el ideador. Si no hubiese sido por él, no tendríamos el Cuerpo de Bomberos de Santiago que hoy tenemos. Aunque, como le sucede a todos los grandes, estoy seguro que don José Luis nunca imagino la trascendencia que 150 años después, tendría su idea. Él fue el primero. Después se sumarían los Besa, Gallo, Meiggs, Prieto, Smith, Arguelles, Recabarren, Matta, Montt, Arteaga, Figueroa, Bascuñán, Vivaceta, Vicuña Mackenna, Pinto, Kappes, etc. y una larga lista de connotados hombres que llega hasta nuestros días. Desde Presidentes de la República hasta el más anónimo y desconocido ciudadano. Todos, aportando su cuota para hacer cada día más grande la Institución. Algunos con su aporte económico, otros en lo intelectual. También están los que han aportado con su capacidad física y con sus ansias de superación. Esta es la esencia de la Institución que crece y se desarrolla. También, y sin querer hacer una apología al Martirologio, debemos hacer especial mención a aquellos 49 hombres que, desde Tenderini –El Protomártir- hasta Thinel –cuyo retrato acabamos de descubrir en la Galería de Mártires de este Cuartel General-, entregaron (por supuesto sin buscarlo) su último aliento por la protección de la comunidad. ¡Qué paradoja! Entregar su vida para salvar las de los demás. En todos ellos, estuvo, está y estará la grandeza del Cuerpo de Bomberos de Santiago. No en sus edificios, ni en la tecnología, ni en el equipamiento, ni en la capacitación. En los hombres y mujeres que forman en sus filas. En las generaciones de Bomberos incondicionales a las tradiciones sobre las que se cimentó esta Institución. Hombres y mujeres que efectúan esta labor sin otro interés que servir a su comunidad. Hombres y mujeres que no sirven por la paga, sino que pagan por servir. La tecnología y el equipamiento no trascienden en el tiempo. La mejor tecnología de hoy, mañana quedará obsoleta. El legado de nuestros grandes hombres y mujeres, permanecerá en el tiempo. Es por ello que nunca debemos escatimar esfuerzo alguno en su recuerdo y homenaje. De “la Compañía” que don José Luis Claro quiso crear, se pasó de inmediato a la Fundación del Cuerpo de Bomberos de Santiago, y hoy, a las 22 Compañías que sirven con eficiencia y eficacia a la comunidad de la capital de la república. De la campana de Meiggs, emplazada en la torre que construye Vivaceta, pasamos a un gran sistema de radio-comunicaciones que fue el único capaz de responder pronta y oportunamente en circunstancias tan extremas como el terremoto del 27 de Febrero de 2010. De los Gallos de Mangueras, pasando por las bombas a palancas, las de vapor y luego las automóviles, pasamos a un moderno parque de material mayor por muchos envidiado. De los blusones Garibaldi, pasamos a los actuales uniformes normados. Pero, lo que no pasa de moda y no queda obsoleto, es el empuje, la entrega y el deseo de servir de todos aquellos integrantes de la Institución. Hace poco tiempo atrás leía (a propósito de la tragedia de Amunátegui con Huérfanos en 1962), que a los Funerales de los Mártires había asistido incluso, el entonces Presidente de la República y que la ciudad se había paralizado ante tamaña tragedia. Hoy, lamentablemente, al Funeral de un Mártir, ni el Alcalde. Pero, en gran parte, es responsabilidad nuestra. ¿Cómo vamos a pedir que las autoridades nos acompañen, si nosotros mismos no somos capaces de acompañar a nuestros fallecidos? Con la vorágine de los tiempos que vivimos, buscamos cualquier excusa para no asistir. Que tenemos que estudiar o trabajar. Que hace mucho calor o que está lloviendo. Que es muy aburrido estar parados escuchando discursos lateros. Que no queremos incomodar a la ciudad cortando el tránsito. No señores. Como ya se ha dicho, la base de esta institución son sus hombres y mujeres y por lo tanto, quienes han dado toda su vida al servicio de la Institución, merecen el más grande de nuestro respeto y a sus homenajes, nadie se puede restar. No puedo dejar pasar esta ocasión sin hacer un especial recuerdo de todos aquellos que, bomberilmente nacieron, se desarrollaron y luego fallecieron en este edificio. Ellos forman parte de una cofradía muy especial, difícilmente replicable en los tiempos actuales. La amistad y confraternidad que durante muchos años desarrollaron integrantes de diversas Compañías, perduró en el tiempo y se sobrepuso a la construcción de los nuevos cuarteles y la consiguiente disgregación de su personal. Hoy, a casi 150 años de la Fundación, estamos pagando una deuda de gratitud con nuestro Fundador don Jose Luis Claro Cruz, bautizando este histórico edificio con su nombre. Olvidado por muchos años y relegado a una mención secundaria. Tal vez porque no quiso formar parte del primer Directorio, que bien merecido se lo tenía, sino que optó por el cargo de primer Capitán de su querida Bomba Poniente. Desde hoy, este edificio llevará su nombre y quién concurra a el sabrá reconocer la figura histórica de don Jose Luis Claro y su trascendencia no sólo para el Cuerpo de Bomberos de Santiago, sino también para toda la ciudad capital. Así, nunca más se nos olvidará que hace pocos días atrás, el reciente 21 de Junio, se cumplieron 112 años del fallecimiento del primer Bombero de Santiago. Muchas gracias”.

 

 

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