Mártires

caídos en actos del servicio

Victimas del deber

caídos en actos del servicio

Victimas del deber

LUIS SEGUNDO JOHNSON ULLOA
RAFAEL RAMÍREZ SALAS
VICTOR CATO VELASCO
ALBERTO REYES NARANJO
FLORENCIO BAHAMONDES ALVAREZ
PATRICIO CANTÓ FELIÚ
DANIEL CASTRO BRAVO



Mártir Caído en Acto de Servicio el 19 de Marzo de 1887

17 DE MARZO DE 1887 Al mediodía se declaraba un violento incendio en la calle de San Miguel (actual Cumming), a corta distancia de la Alameda. Johnson y Ramírez trasladaron, junto a otros tercerinos, la bomba a palancas desde el cuartel de calle Santo Domingo hasta el lugar del incendio. Armados los pitones, los tercerinos penetraron el interior del edificio, colocándose en la vanguardia los jóvenes Johnson, Ramírez y Cato. Tras una hora de rudo combate, el Comandante don Emiliano Llona daba la retirada a las compañías, dejando de guardia en el lugar a la Tercera y Octava. El pitón tercerino, instalado en un estrecho patio, finalizaba su labor de remoción de escombros, cuando de pronto se desploma uno de los murallones de la construcción, cubriéndolo todo de humo, polvo y gritos. Los voluntarios remueven con sus manos los escombros y logran rescatar los destrozados cuerpos de Luis Johnson y Rafael Ramírez.

Llegan más bomberos al rescate y, tras agotador trabajo, extraen el cuerpo inmóvil de Víctor Cato. Johnson sonreía en medio de su dolor. No parece ser el más grave, pero el examen médico demuestra que tiene graves lesiones en los intestinos, pulmones y pierna izquierda. Ramírez tiene fracturas múltiples en la pierna derecha, brazo izquierdo y numerosas costillas quebradas. Cato, con su rostro totalmente desfigurado, presenta graves heridas en todo el cuerpo, temiéndose por su vida. Dos días más tarde, el 19 de marzo, fallecían casi a la misma hora Luis Johnson y Rafael Ramírez, en medio del dolor de sus compañeros y el desamparo de sus familias. Víctor Cato, el más grave, el más destruido, sobrevivirá hasta el 1° de septiembre de 1896, nueve años más tarde.



Mártir Caído en Acto de Servicio el 19 de Marzo de 1887

17 DE MARZO DE 1887 Al mediodía se declaraba un violento incendio en la calle de San Miguel (actual Cumming), a corta distancia de la Alameda. Johnson y Ramírez trasladaron, junto a otros tercerinos, la bomba a palancas desde el cuartel de calle Santo Domingo hasta el lugar del incendio. Armados los pitones, los tercerinos penetraron el interior del edificio, colocándose en la vanguardia los jóvenes Johnson, Ramírez y Cato. Tras una hora de rudo combate, el Comandante don Emiliano Llona daba la retirada a las compañías, dejando de guardia en el lugar a la Tercera y Octava. El pitón tercerino, instalado en un estrecho patio, finalizaba su labor de remoción de escombros, cuando de pronto se desploma uno de los murallones de la construcción, cubriéndolo todo de humo, polvo y gritos. Los voluntarios remueven con sus manos los escombros y logran rescatar los destrozados cuerpos de Luis Johnson y Rafael Ramírez.

Llegan más bomberos al rescate y, tras agotador trabajo, extraen el cuerpo inmóvil de Víctor Cato. Johnson sonreía en medio de su dolor. No parece ser el más grave, pero el examen médico demuestra que tiene graves lesiones en los intestinos, pulmones y pierna izquierda. Ramírez tiene fracturas múltiples en la pierna derecha, brazo izquierdo y numerosas costillas quebradas. Cato, con su rostro totalmente desfigurado, presenta graves heridas en todo el cuerpo, temiéndose por su vida. Dos días más tarde, el 19 de marzo, fallecían casi a la misma hora Luis Johnson y Rafael Ramírez, en medio del dolor de sus compañeros y el desamparo de sus familias. Víctor Cato, el más grave, el más destruido, sobrevivirá hasta el 1° de septiembre de 1896, nueve años más tarde.



Mártir Caído en Acto de Servicio el 1 de Septiembre de 1896

Tras nueve años de doloroso martirio, fallecía Victor Cato, el último sobreviviente de la tragedia del 17 de marzo de 1887, que costara las vidas de Johnson y Ramírez. Al tener conocimiento el Directorio de su muerte, le rindió un sentido homenaje, ya que había “perecido a causa de las heridas recibidas en actos del servicio”; sin embargo, le negó la calidad de mártir. Heroico y amargo destino el de Víctor Cato, inválido por su amor a la institución, siempre recordando el terrible instante en que un muro cubrió de gloria a Johnson y Ramírez y que nueve años más tarde lo enterraría en el olvido. Se le reconoce la calidad de Mártir de la institución en sesión del Directorio efectuada el día 3 de Julio de 2012.



Mártir Caído en Acto de Servicio el 3 de Enero de 1918

Chileno, veinte años de edad, soltero, comerciante. Se incorporó a la Tercera Compañía el 30 de mayo de 1917. Inscrito en el Registro General del Cuerpo bajo el N° 11.207 y en el Registro de la Tercera con el N° 1527. Del Libro de Guardia, 3 de enero de 1918 : “Horrible desgracia. El voluntario de nuestra Compañía, don Alberto Reyes Naranjo, que a la hora del incendio dormía en el cuarto de guardia, impulsado por su gran entusiasmo, decidió concurrir al sitio amagado, aprovechando para transportarse las carboneras de la bomba de la Décima Compañía, que se encontraban transitoriamente en nuestro cuartel. En momentos en que dicha bomba corría a gran velocidad por la calle del Estado, y al llegar a la esquina de Agustinas, fue estrellada por el carro de la Duodécima Compañía, que salió velozmente por esta última calle. Fue tan recio el golpe que la bomba de la Décima fue disparada sobre la acera de San Agustín, y nuestro infortunado compañero Reyes, arrojado a gran distancia, resultó con su cráneo horriblemente triturado. La fatal noticia fue comunicada a nuestro cuartel a las 3.45 A. M. por la Primera Comisaría, Se decía que un voluntario de la Tercera, herido gravemente en un choque de bombas, había sido transportado en estado agónico a la Asistencia Pública. Todos los bomberos que ahí nos encontrábamos en ese instante, nos apresuramos a trasladarnos al establecimiento mencionado. Ninguno daba crédito a tan tremenda nueva. La amarga certidumbre la tuvimos bien pronto, al contemplar el cuerpo frío y ensangrentado de nuestro inolvidable compañero Alberto Reyes Naranjo, tercer mártir de la Tercera Compañía.

Fácil es explicarse la consternación de los tercerinos ante desgracia tal. La fatal noticia se esparció rápidamente, llegando hasta el sitio del incendio, donde trabajaban las demás compañías y cierto grupo de tercerinos. Bien pronto se vio invadido el local de la Asistencia Pública, por numerosos bomberos de todas las compañías, entre otros el Comandante del Cuerpo. Inmediatamente nuestro Director Don Luis Kappés, acompañado del Comandante Don Luis Phillips, y de nuestro Capitán Don Manuel Cordero, se trasladaron al hogar del infortunado compañero Reyes, a transmitir tan tremenda noticia a su señor padre, el voluntario de la Octava Compañía, Don Luis Reyes. En esta ocasión solemne, única en la vida de un hombre, el viejo bombero pronunció palabras que deben quedar para siempre grabadas en la historia de nuestra Institución. Dijo: “Si algún alivio puede haber para mi corazón en estos momentos, es el pensar que mi hijo ha muerto en el cumplimiento de sus deberes”. Ese día se incorporaba a la Tercera el hermano del mártir, don Luis Reyes Naranjo.



Mártir Caído en Acto de Servicio el 8 de Enero de 1920

Se incorporó a la Tercera el 11 de noviembre de 1913, a los 22 años de edad. Desempeñó los cargos de Tesorero en 1915, Teniente 2° en 1916 y Ayudante General en 1918 y 1919. Falleció trágicamente en el Incendio del 8 de enero de 1920 en el Colegio de los Padres Franceses. (Extractado de la prensa): “… la idea de los jefes de ese sector fue evitar que el fuego… llegara a los laboratorios que, ocupaban la parte cercana a la Alameda. Voluntarios de la 3a y la 6a rompieron algunas ventanas del 2° piso… No haría 7 minutos que estaban dentro cuando nos dimos cuenta de que el fuego venía encima de ellos por dentro del entretecho, y los envolvía por completo… Los bomberos salieron rápidamente a las ventanas rotas y las llamas… salieron en forma de chorros por sobre sus cabezas. Un grupo de ocho… se echaron sobre las escalas arrimadas de la 6a : las escalas cedieron al peso y vimos caer varios. El voluntario Reyes de la 3a, hermano del que murió… se tiró a la calle y salió milagrosamente ileso.

En una ventana vecina se consumó el sacrificio del bombero Bahamondes… vimos con espanto cómo ardía su cabeza y su ropa… no alcanzó a ponerse uniforme… y trabajaba en mangas de camisa en el sitio de mayor peligro. Un grupo de compañeros corrió hasta el pie del edificio indicándole que se arrojara… Bahamondes, horriblemente quemado, continuó andando por sus propios pies sostenido por dos compañeros. Tenía el cuerpo rojo como una llaga viva… y sólo decía: “Agua… agua”. Fue llevado con toda velocidad posible hasta la Posta Central. … En la Clínica Alemana, a donde fue conducido, el señor Florencio Bahamondes dejaba de existir a las 4 de la mañana de hoy. Conservó… toda su lucidez. Hizo llamar a su hermano y le entregó sus llaves: encargó que nada dijesen a su madre …” Días más tarde fallecía el voluntario de la Séptima, don Alejandro Acosta. De esta manera, el incendio del Colegio de los Padres Franceses cobraba dos víctimas dejando en el más absoluto abandono a las familias de los nuevos mártires.



Mártir Caído en Acto de Servicio el 15 de Noviembre de 1962

En el incendio ocurrido en la madrugada del jueves 15 de noviembre de 1962, en un edificio en construcción de calle Amunátegui al llegar a Huérfanos, el derrumbe de un elevado muro causaba la muerte de seis bomberos, entre ellos, cae el joven voluntario tercerino, Patricio Cantó. Del Acta de Sesión: “ Nuestros guardianes, ese grupo de servidores que hace guardia nocturna, concurrió como de costumbre al llamado de Huérfanos y Amunátegui; entre ellos iba Patricio Cantó Feliú, con esa cara sonriente de entusiasmo de los veinte años, impregnado de espíritu Tercerino que asimilara en un año y poco más que nos acompañó en las filas efectivas de la Compañía.

Llegó a cumplir con su deber como todos vosotros lo haceis en los actos de servicio, y allí, en aquella casa maldita, en aquel edificio ruinoso, donde nadie lo previó ni pudo imaginarse, se produjo la tragedia después de una hora poco más o menos de esforzado trabajo de los servidores de la institución… … Patricio Cantó fue aplastado por aquella muralla; fue triturado y allí encontró la muerte en un cuadro que ustedes nunca podrán olvidar. En medio de la tragedia, de esta tremenda tragedia, pudimos ver como los componentes de todas las Compañías se esforzaban por sacar los ladrillos, removiendo los escombros, donde estaban sepultados media docena de servidores de la institución… … Otro gesto magnífico que no puedo silenciar en estos momentos de duelo y aflicción es el del Sr. Cantó padre, que me dijo: “ Siento no tener otro hijo para reemplazar en las filas tercerinas al que el destino quiso tronchar su vida en esta oportunidad. Y más aún, siento ser tan viejo yo, para poder reemplazar a mi hijo en las filas de la Tercera” … “ Actualmente, nuestra Guardia Nocturna en su honor lleva el nombre de “Patricio Cantó Feliú”



Mártir Caído en Acto de Servicio el 19 de Octubre de 2005

El 19 de Octubre del 2005 parecía un día normal como cualquier otro. Uno de aquellos en los que Daniel compartiría con sus Cofrades de su querida Heroica a quienes no veía desde hace algunos días. Repentinamente se dejan caer los timbres del cuartel, sonido que alertó de inmediato a quienes estaban en ese momento. La voz de la Operadora se dejó escuchar: 10-0, San Camilo y Santa Isabel. Daniel tripuló entusiasta y, como el de más antigüedad en la cabina, se dispuso a asignar el material de ataque y abastecimiento.

Nuestra máquina sería la primera en llegar. Camino a la emergencia, el voluntario a cargo solicitó a la Central la naturaleza del lugar siniestrado. Se trataba de una mueblería. Al llegar al lugar, todos al unísono, incluyendo Daniel, le sugirieron al voluntario a cargo que diera la alarma de incendio ya que, en efecto, el panorama era Dantesco. Una vez allí y realizada la armada base de la Compañía, y después de un largo rato de trabajo, Daniel comenzó a sentirse mal. Sus compañeros le acompañaron a la ambulancia del Cuerpo de Bomberos de Santiago y, dados los evidentes rasgos de cansancio y agotamiento, se dispuso su traslado al Hospital del Trabajador, al cual ingresó en un paro cardiorrespiratorio. Tras infructíferos trabajos de reanimación, Daniel se marchó, llenando de orgullo y de dolor a sus hermanos de la Heroica.