Personajes Ilustres

Grandes personajes históricos

Tercerinos Ilustres

FRANCISCO BASCUÑAN GUERRERO
FERMIN VIVACETA RUPIO
FRANCISCO DE PAULA TAFORÓ
VICENTE NAVARRETE
BUENAVENTURA CÁDIZ
LUIS KAPPÉS GUIBERT




Designado Comandante del Cuerpo de Bomberos de Santiago para el año 1866. En 1863, al producirse el trágico incendio del Templo de la Compañía de Jesús, Bascuñán Guerrero desempeñaba las altas funciones de Intendente de Santiago. De inmediato Bascuñán solicita su incorporación a las filas de la Tercera, donde desarrollará brillantes labores, hasta alcanzar el cargo de Vicesuperintendente del Cuerpo en 1867. En este cargo, trabaja activamente junto al Comandante Ramón Abasolo, innovando profundamente en el servicio institucional. Abasolo crea el sistema de alarma y los primeros “cuarteles de incendio”, mientras Bascuñán Guerrero aporta su poderosa capacidad intelectual y económica al progreso del Cuerpo de Bomberos de Santiago. Nació en La Serena en 1824 y falleció en Santiago el 27 de enero de 1873.




Nacido en Santiago en 1829, de familia de escasos recursos, Vivaceta se integra a los 13 años como aprendiz en un taller de ebanistería, estudiando en la noche. Más tarde ingresa al Instituto Nacional, donde se especializa en arquitectura, alcanzando las más altas calificaciones y distinciones. Serán los artesanos los protegidos de Vivaceta, a quienes él enseña sin descanso. En 1858 es designado miembro de la Sociedad de Instrucción Primaria, junto a Miguel Luis Amunátegui, Benjamín Vicuña Mackenna, Domingo Santa María y otras gigantescas personalidades nacionales. Vivaceta jamás se daba un descanso. En 1868 crea la Unión de Artesanos, de la cual será su guía y motor. En 1863, luego del horroroso incendio de la Compañía, Fermín Vivaceta Rupio socorre a las víctimas y se incorpora como voluntario de la Tercera. El 16 de enero de 1865 se produce un pequeño incendio en su taller de carpintería de calle San Pablo, que es sofocado por su Tercera Compañía.

Ese mismo año viaja a Valparaíso, fundando el Batallón Cívico “Cuarto de Voluntarios”, integrado por bomberos y auxiliares de la Tercera de Santiago, Cuarta de Valparaíso, artesanos, obreros y miembros de la Sociedad “La Unión”. Al viajar el Cuerpo de Bomberos de Santiago en 1866, con motivo del bombardeo de Valparaíso, se les une Vivaceta y su batallón. Un año más tarde, siendo Bascuñán Guerrero Vicesuperintendente del Cuerpo y Ramón Abasolo Comandante, le encargan al arquitecto tercerino Fermín Vivaceta la construcción de la primera torre de alarmas, inaugurada el 1° de junio de ese año. Viaja a Valparaíso construyendo fuertes, mausoleos y poblaciones. En 1874 se incorpora a la Cuarta Compañía de ese puerto, participando activamente como Consejero y miembro de la Junta de Vigilancia. Pero su salud, exigida más allá de su propia capacidad, fue incapacitándole para dar todo lo que Vivaceta quería y era capaz de dar. El 21 de febrero le 1890 fallecía el arquitecto, artesano y bombero Fermín Vivaceta Rupio.




Una de las figuras más interesantes y conflictivas del periodo es don Francisco de Paula Taforó, sacerdote jesuita nacido en Valparaíso en 1816. Hijo “ilegítimo” de don Francisco Javier Márquez de la Plata y doña Jesús Zamora viuda de Taforó. Destaca en sus estudios, incorporándose al sacerdocio. Viaja por América y Europa, y se encuentra en Santiago el día trágico del incendio del Templo de la Companía. Imparte consuelo y solidaridad a los desamparados, y participa activamente en comisiones para recaudar fondos destinados a crear un monumento a las víctimas y socorrer a los huérfanos. Allí trabaja codo a codo con Enrique Meiggs. En 1878 muere el arzobispo de Santiago, don Rafael Valentín Valdivieso, dejando tras sí un grave conflicto entre el Estado y la Iglesia. El gobierno del Presidente Pinto incluye a Taforó en una terna para elegir al sucesor de Valdivieso. Los conservadores levantan la figura de Joaquín Larraín Gandarillas, contra la Iiberal de Taforó. Ya toda la ciudad hablaba del arzobispo “electo”, provocando la intervención del Vaticano.

El conflicto terminará sólo en tiempos del Presidente Balmaceda, cuando es designado arzobispo don Mariano Casanova. Taforó se da tiempo para participar activamente en la vida de la Tercera, donde es querido y respetado. Al fallecer el 27 de enero de 1889, la Tercera le rinde un profundo homenaje por intermedio de su Director, don Enrique Silva Yávar. Nunca fue voluntario, pero sirvió a la Tercera como uno de sus mejores hombres.

Vicente Navarrete Maturana se incorporo a las filas de la Tercera Compañía de Bomberos de Santiago el 26 de septiembre de 1877, catorce años después de la fundación del Cuerpo de Bomberos de Santiago, bajo el número de registro de la Institución N° 3901 y número de registro de la Compañía N° 729, destacándose desde el primer momento como un hombre con profundos deseos de servir al país, a la comunidad y a su Compañía.
Podemos reconocer la vasta labor que llegó a desempeñar como bombero de la Tercera Compañía, en las numerosas responsabilidades que se consignan en su hoja de vida: Ayudante en 1879; Teniente Tercero en 1883; Teniente Segundo en 1880; Teniente Primero en 1882, 1884 y 1887; Capitán en 1886, 1894, 1895, 1899, 1900 y 1901 y Director en 1902, 1903 y 1918.
En 1879 el país entraba en conflicto bélico con Perú y Bolivia, conflicto que se prolongaría hasta 1883. El día 27 de Enero de 1880, como a las nueve de la mañana era sorprendida la ciudad por un formidable estruendo precedido de un inexplicable sacudimiento de tierra. Unos cuantos segundos después se elevaba una densa columna de humo por el sur-poniente de la capital. El Cuartel de Artillería, situado en el Parque Cousiño, y que era el arsenal de los elementos bélicos para el Ejército de Operaciones contra el Perú y Bolivia ardía violentamente. Pese al peligro inminente, la institución trabajó sin titubear, y sólo se detuvieron cuando el peligro hubo cesado.
Don Vicente Navarrete Maturana, quien desempeñaba el cargo de Teniente Segundo en esa ocasión, fue pieza fundamental en el manejo y transmisión del coraje y profesionalismo extremo que se necesitaba para poder cumplir a cabalidad con lo que nadie hasta ese momento imaginaba de lo que eran capaces los Bomberos de nuestro país.

A la edad de diecinueve años y el mismo día en que la bomba del Poniente tenía su primera reunión (24 diciembre de 1863), el señor Buenaventura Cádiz ingresaba a ella para consagrarle actividad, entusiasmo y abnegación mientras residió en Santiago, y sus más cariñosos recuerdos durante su permanencia en Valparaíso.
Ya en 1868 fue Ayudante, y después desempeñó los puestos de Secretario, Tesorero, Teniente Segundo y Primero, Capitán y Director, mostrando en cada uno de esos puestos relevantes condiciones de trabajo y de mando, a la vez que el cabal concepto del deber y de la disciplina.
El 15 de abril de 1879, en horas de peligro para la patria, era elegido Capitán de Bomberos Armados, y después partía a los campos de batalla para distinguirse con Ramón Allende Padin, Benjamín Dávila Larrain, Ambrosio Rodríguez y otros bomberos de Santiago, que tan valiosos servicios prestaron en la provisión y ambulancias del ejército en campaña.
Alcanzó el tercer premio del Directorio del Cuerpo en 1875, el premio municipal acordado en 1880 a los salvadores del Cuartel de Artillería, el quinto premio de la Compañía en 1883 y el broche de oro de treinta y cinco años de servicios. Pero junto con esas recompensas oficiales, el voluntario Buenaventura Cádiz conquistó afectos profundos en sus compañeros de labor que en él veían un corazón adornado de sinceridad, sin dobleces, y de hermosas cualidades. No cabían ambiciones malsanas en su alma, henchida de rectos propósitos y elevados ideales. Fue leal en la amistad, abnegado en el sacrificio, constante en el bien y perfectamente honrado en todos los actos de su vida. Falleció el 17 de septiembre de 1904.

Luis Kappés Guibert dijo en una hora solemne: “El Cuerpo de Bomberos es la Institución más perfecta del altruismo”. Durante su vida entera hizo honor a este lema, sirviendo a sus semejantes en las horas de dolor, de peligro o de angustia, olvidándose de su propia persona y sustentando como principios fundamentales el desinterés, la abnegación y el altruismo.


A poco de ingresar a la Tercera Compañía, el 17 de Marzo de 1909, fue elegido Segundo Comandante de todo el Cuerpo en 1913 y 1918. Primer Comandante se le nombró en 1923 y 1924, Vicesuperintendente en 1930,1931 y seis meses de 1932. Elegido para el más alto cargo del Cuerpo desempeñó la Superintendencia desde 1932 hasta 1943, es decir, por más de diez años. En total fue Oficial General durante 15 años y 7 meses. Al dejar la Comandancia, que Kappés desempeñó con ejemplar eficacia, se le propuso como Director Honorario, y el hombre con esa modestia que era característica en sus actitudes, pidió a sus amigos que retirasen la proposición porque no creía tener méritos suficientes para alcanzar tan alto puesto. La insistencia decidida de los Directores que lo habían patrocinado, lo obligó a desistir de su propósito y fue así como el 13 de Agosto de 1923 se le otorgó la merecida y honrosa distinción de Director Honorario. El 7 de Octubre de 1959 se le concedió el premio de 55 años de servicios. Su labor, pues, entre nosotros duró más de medio siglo.


Hasta el último instante quiso dar una muestra de sereno olvido de sí mismo. Al efecto, solicitó que sus funerales fueran privados y que se realizaran en las primeras horas de la mañana para no molestar a los compañeros del Cuerpo. Por mucho que fuera el respeto con que siempre oímos las opiniones de Kappés y por mucho que nos gustara acatar sus consejos, no pudimos acoger ese deseo. El 22 de enero de 1961 despedimos a este ilustre tercerino con los honores que correspondían a su figura.